domingo, 28 de agosto de 2011

Hablar no es lo mismo que dialogar con los hijos



Bla, bla, bla... muchas veces no nos damos cuenta pero la comunicación que tenemos con nuestros hijos es unilateral. Si tu hijo deja de hacer uno de sus deberes, empiezas a hablar sin frenos, a descargar un montón de reproches y no escuchas lo que te dice él. Si sigues sin dialogar con tu hijo, no te extrañes si un día él empiece a hablarte sin parar y sin escucharte. El dialogo es un hábito que puede ser adquirido por tu hijo desde que sea un bebé.

¿Por qué tenemos esta costumbre de hablar sin parar? ¿Has pensado alguna vez en eso? Yo sí y muchas veces. Me di cuenta que la actitud de hablar sin escuchar a los hijos es completamente inútil. La comunicación solo funciona y llega a un denominador común, es decir, a la comprensión entre ambos, si entre padres e hijos existe una conversación de doble sentido, de ida y vuelta. Una investigación realizada en la Universidad de California (UCLA), Estados Unidos, revela que charlar con los niños les ayuda a enriquecer su lenguaje, su vocabulario y aumentar su desarrollo intelectual. Es mejor que leerles un libro o dejarlos delante de la televisión o del ordenador toda una tarde.





En la investigación, publicada en la revista médica 'Pediatrics', participaron unas 300 familias. Se grabaron conversaciones entre padres e hijos, desde que se despertaban hasta que se acostaban, un día completo cada mes y durante 6 meses para un grupo y de 18 meses para otro. Fue comprobado que los niños que más hablaban con adultos fueron los que adquirieron un lenguaje más rico. Incluso los niños que al principio parecían más retraídos y callados, se volvieron más habladores.





Hablar no es lo mismo que dialogar con los hijos. En lugar de un monólogo en el que sólo el padre o la madre hablan y el hijo sólo escucha, es necesario remodelar la comunicación con el hijo. Escucharle es tan importante como hablarle, ya que le puedes ayudar a desarrollar habilidades del habla y del lenguaje. No hablemos a ellos y sí con ellos durante el desayuno, comida o cena, a la hora del baño, durante un paseo, en el trayecto entre el colegio y la casa, antes de que se vayan a la cama. Oportunidades no faltarán.




Fuente:guiainfantil
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